dilluns, 29 d’octubre de 2012

TODA ESA GENTE SOLITARIA

“Toda esa gente solitaria no tiene nombre, no se dirige a ninguna parte”.

La mayor amenaza para la salud mental es la soledad, en especial si no se cuenta con recursos o capacidad para llevar una vida intelectualmente activa. La soledad genera desesperanza y falta de interés por las cosas, síntomas de un ánimo depresivo. Esto, a su vez, repercute en las defensas del organismo ante las enfermedades, generándose un ciclo que erosiona al cabo a toda la persona.

La soledad no sólo se da entre gente físicamente aislada, sino entre personas que se relacionan pero no pueden o no saben cómo hacer frente a los problemas que surgen en el camino, y también se instala en la pareja sin amor, cuando los besos se dan pero no se entregan. Esa soledad es más insidiosa porque no se ve, pero corroe el alma. El ciudadano que se arrojó ayer desde el balcón de su casa en Burjassot, en Valencia, debió sentirse terriblemente solo frente a la amenaza del desahucio de su casa; con su mujer en la cama por sufrir una depresión, este hombre impotente se limitó a besar a su hijo y arrojarse al vacío cuando el agente judicial llamaba a la puerta.

Parece una escena de Dickens, de esas que el incomparable escritor inglés sabía crear para angustiar a sus lectores y transmitirles el propio pulso de sus vidas. Sin embargo, todo su dramatismo es real, y es uno de los signos estremecedores de los tiempos actuales. A medida que las oportunidades laborales desaparecen las personas sufren en su autoestima y las deudas generan una angustia difícil de conllevar. Perder el hogar supone ir realojado a una vivienda social, una dura prueba para la familia que la sufre. 

El dinero (20 millones de euros) de la fundación de Amancio Ortega a Cáritas es una noticia fantástica, pero el verdadero tesoro son los miles de voluntarios que colaboran con ella para acompañar a todos aquellos que, en esos momentos duros de su existencia, pueblan sus locales o recibe asistencia de cualquier modo. Hay una gran diferencia entre los que reciben ayuda pero tienen todavía su espíritu firme, y aquellos que en sus ojos se ve la mirada a ninguna parte, perdidos ellos en la lucha abandonada. Los voluntarios acompañan, entregan su tiempo, y ayudan a que estos seres humanos derrotados recuerden quizás que tuvieron sueños y que no todo está acabado. 

En una de sus mejores canciones, Eleanor Rigby, casi con música de cámara, Los Beatles describieron ese desolado universo, con profundas pinceladas dickensianas: “Toda esa gente solitaria / ¿dé donde viene?/ Toda esa gente solitaria / ¿de dónde es?” No tiene nombre, no se dirige a ninguna parte. ¿Quién sabe su historia? ¿Dónde está la redención? Mi admiración y gratitud para todos los que ayudan y colaboran en asistir a toda esa gente solitaria.

Vicente Garrido Genovés    https://www.facebook.com/vicentegarridogenoves/posts/317579865015971