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dijous, 19 de març de 2015

APRENDER DE LA PÉRDIDA. Una guía para afrontar el duelo.



¿Cuándo debería buscar ayuda? 
Robert A. Neimeyer.

 Aunque el dolor, la soledad y los trastornos que acompañan al duelo no tienen nada de “anormal”, hay algunos síntomas que deberían hacer que acudiéramos a un profesional o a alguna persona de nuestro entorno que pueda ayudarnos: médicos, guías espirituales, responsables de grupos de apoyo o profesionales de la salud mental. Aunque cada persona debe tomar esta decisión libremente, debe
plantearse seriamente hablar con alguien sobre su duelo si presenta alguno de los siguientes síntomas:

•  Intensos sentimientos de culpa, provocados por cosas diferentes a las que hizo o dejó de hacer en el momento de la muerte de su ser querido.
•  Pensamientos de suicidio que van más allá del deseo pasivo de “estar muerto” o de poder reunirse con su ser querido.
•  Desesperación extrema; la sensación de que por mucho que lo intente nunca va a poder recuperar una vida que valga la pena viva.
•  Inquietud o depresión prolongadas, la sensación de estar “atrapado” o “ralentizado” mantenida a lo
largo de períodos de varios meses de duración.
•  Síntomas físicos, como la sensación de tener un cuchillo, clavado en el pecho o una pérdida
sustancial de peso, que pueden representar una amenaza para su bienestar físico.
•  Ira incontrolada, que hace que sus amigos y seres queridos se distancien o que le lleva “a planear
venganza” de su pérdida.
•  Dificultades continuadas de funcionamiento que se ponen de manifiesto en su incapacidad para
conservar su trabajo o realizar las tareas domésticas necesarias para la vida cotidiana.
•  Abuso de sustancias, confiando demasiado en las drogas o el alcohol para desterrar el dolor de la
pérdida.

Aunque cualquiera de estos síntomas puede ser una característica de un proceso normal de duelo, su
presencia continuada debe ser causa de preocupación y merece la atención de una persona que vaya más allá de las figuras de apoyo informal que suelen estar presentes en la vida de cada individuo.



dilluns, 27 de gener de 2014

El procés de DOL


EL PROCÉS DE DOL
Pensar de tant en tant en la mort és una forma molt natural de fer, quan algú proper a nosaltres pateix una malaltia terminal i s'acosta el moment de la seva pèrdua, per tal que aquesta no ens agafi per sorpresa.

En aquest primer estadi de reconeixement de la proximitat del final d’una vida és important que siguem capaços de fer-li notar a aquesta persona la nostra proximitat, el nostre carinyo i la nostra comprensió del darrer procés vital per el qual està passant.
Quan finalment acabi marxant-se, haurem de ser forts i estar preparats per portar aquesta pèrdua de la millor manera possible, ja que hem de tenir present que això ens provocarà un necessari procés d’adaptació que el nomenem “DOL”. 

dilluns, 3 de setembre de 2012

La muerte de un cónyuge y el no casarse de nuevo pueden aumentar el riesgo de demencia


Autora: Deborah Brauser
Los antecedentes conyugales pueden pronosticar la aparición de demencia y de enfermedad de Alzheimer (EA), según una nueva investigación, cuyos resultados fueron presentados aquí en el Congreso Anual de la American Association for Geriatric Psychiatry (AAGP) —2011—.
En un estudio de muestra de casi 4000 participantes ancianos, los investigadores observaron que los que nunca se habían vuelto a casar después de enviudar tenían un riesgo de presentar demencia 83% más alto y un riesgo de presentar enfermedad de Alzheimer dos veces mayor que el grupo de referencia, representado por quienes continuaban con su primer matrimonio.
La coinvestigadora Dra. Maria C. Norton, PhD, del Departamento de Familia, Consumidor y Desarrollo Humano en la Utah State University en Logan, dijo a Medscape Medical News: «Descubrimos que el riesgo más bajo para la demencia correspondía a los que habían estado casados por mucho tiempo y que habían permanecido así durante todo este estudio de la memoria a largo plazo».
La Dra. Norton explicó: «Al parecer, estos son matrimonios satisfactorios con menos tensión. Sin embargo, casi ligados a ellos estuvieron los que estaban casados, divorciados y que luego no se volvían a casar. Supuestamente una gran proporción de los que tenían matrimonies infelices, se habían divorciado y luego habían continuado con su vida y eran felices con un nuevo inicio sin los factores estresantes que antes habían afrontado».
Dijo que en contraste con estos grupos, en los que su estado conyugal era una decisión consciente por parte de los participantes, era congruente que el máximo riesgo se observase en el grupo de los viudos que nunca se habían vuelto a casar cuando no tuvieron una opción en la cuestión.
«Esto hacía que los cónyuges sobrevivientes tuviesen que afrontar solos los problemas, lo cual por lo general no era algo que ellos esperasen. Probablemente también había más aflicción crónica, lo cual explica por qué nunca se volvieron a casar».
La Dra. Norton dijo que aunque es prematuro afirmar que estas situaciones conyugales específicas definitivamente aumenten el riesgo de demencia o que haya una relación de causa y efecto, «vimos la aparición más rápida de demencia en los viudos que no se volvían a casar».
«Así que los médicos deben tener presente que además de tener más riesgo de depresión y de otros problemas de salud, es posible que la capacidad cognitiva de este grupo también disminuya con rapidez».
Evaluación de las circunstancias conyugales de por vida
Los investigadores hacen notar que las tensiones psicosociales «se han vinculado a desenlaces adversos en la salud, tales como depresión, ansiedad, enfermedades cardiovasculares y alteraciones cognitivas».
Algunos estudios previos han analizado la relación existente entre los cambios conyugales y las demencias, «pero se evaluaba el estado conyugal «sólo en algunos momentos determinados».
Por tanto, señalan los investigadores, en el estudio actual «se explora las características de los antecedentes conyugales y de supervivencia sin demencia a largo plazo con un seguimiento que llega a los 10 años».
Evaluaron los datos de 3971 adultos ancianos inicialmente no dementes (56,7% mujeres; media de edad al inicio, 75 años) del Estudio del Condado de Cache sobre la Memoria vinculados a la información demográfica de la base de datos de la población de Utah. Todos los participantes se dividieron en los siguientes subgrupos:
Casados una vez, divorciados, nunca vueltos a casar;
Casados una vez, viudos, nunca vueltos a casar;
Múltiples matrimonios con divorcio pero sin viudez;
Múltiples matrimonios con viudez pero nunca divorcio;
Múltiples matrimonios con viudez y divorcio; y
Nunca casados.
El grupo de referencia estuvo representado por los que se habían casado una vez y nunca se habían divorciado o nunca habían enviudado.
La Dra. Norton dijo: «Nuestra hipótesis era que algunas de estas situaciones conyugales probablemente se correlacionarían con grados de tensión más altos —no sólo la tensión de una ocasión sino la tensión crónica—».
«Es ahí donde aparece el mecanismo biológico: que la exposición crónica del cerebro a estas hormonas glucocorticoides relacionadas con el estrés puede causar un aumento de la muerte celular neuronal y más riesgo de enfermedad de Alzheimer».
Riesgos sólidos para la viudez
Los resultados mostraron que los participantes en el estudio que se habían casado una vez, que estaban viudos y que después nunca se volvieron a casar, tenían un riesgo notablemente mayor de presentar demencia que el grupo de referencia (cociente de riesgos instantáneos [CRI]: 1,83; p < 0,001), así como más riesgo de enfermedad de Alzheimer (CRI: 2,17; p < 0,001).
Así mismo, hubo un riesgo notablemente mayor de aparición de demencia en quienes se habían casado en múltiples ocasiones y habían enviudado por lo menos una vez —sin nunca haberse divorciado— en comparación con el grupo de referencia (CRI; 1,44; p = 0,03).
Los investigadores afirman que todos estos hallazgos «fueron sólidos tras el ajuste con respecto al género sexual, el grado de cultura y la presentación de algún alelo de la apolipoproteína E4 (todos con una p < 0,005), pero no la edad».
La Dra. Norton informó que las personas que nunca se habían casado y las que habían tenido múltiples matrimonios que terminaban en divorcio se encontraban en el «medio de la gama» para el riesgo de demencia.
Dijo: «En general, diría que estos hallazgos sobre la relación con el riesgo de demencia en realidad son preliminares y hay mucha investigación por delante. Por ejemplo, nos gustaría analizar si la etapa en el curso de la vida influye de alguna manera, es decir, el quedarse viudo a los 30 años de edad por contraposición a los 80 años».
«Nos gustaría también ver si las personas que tienen un antecedente de depresión pueden ser un subgrupo que sea más vulnerable a estos riesgos. Así que vamos a seguir investigando para comprender mejor algunos de los factores contextuales».
La Dra. Norton también señaló que en Utah el número de dependientes «fluctuaba de 0 a 15 miembros». Así que a los investigadores les gustaría evaluar si las familias más numerosas frente a las menos numerosas contribuyen a un mayor o a un menor estrés por lo que respecta a una red de apoyo social, «esto supuestamente amortiguaría» estas transiciones conyugales.
En un estudio dado a conocer el año pasado por Medscape Medical News, el equipo de investigadores descubrió un riesgo de demencia seis veces más alto en las personas que tenían un cónyuge con demencia.
La Dra. Norton dijo: «El presente estudio es congruente con la más amplia serie de investigaciones que han analizado otros tipos de factores psicosociales estresantes y su interrelación con este incremento del riesgo. De nuevo, se necesita más investigación, pero parece que quienes afrontan el estrés de una manera mucho más positiva, enfocándose en los problemas son quienes tienen una demencia insignificante».
Más pruebas de que el estrés desempeña un papel
La Dra. Meryl Butters, PhD, estuvo de acuerdo, y dijo a Medscape Medical News: «Este es otro ejemplo de la forma en que los factores estresantes pueden contribuir a que las personas tengan riesgo de presentar enfermedad de Alzheimer».
La Dra. Butters, quien no participó en este estudio, es profesora adjunta de psiquiatría en la University of Pittsburgh School of Medicine en Pensilvania y ha llevado a cabo investigaciones sobre las formas en que la depresión puede incrementar el riesgo de enfermedad de Alzheimer.
«Este estudio nos dice que las personas que tienen un cambio brusco en el estado conyugal experimentan más estrés. Hay toda una hipótesis que postula que el estrés produce una pérdida de la regulación del eje hipotalámico-hipofisario-suprarrenal [HPS] y conduce a un incremento en las concentraciones de cortisol y glucocorticoides, lo cual lesiona el hipocampo y hace que las personas sean más vulnerables a la enfermedad de Alzheimer».
Dijo que este mecanismo no se evaluó específicamente en este estudio, pero que los hallazgos eran interesantes.
«La viudez es muy estresante y probablemente hay cierta imbricación con la depresión e incluso con la ansiedad, la cual también se relaciona con un incremento de los glucocorticoides. Es el mismo mecanismo que opera y que podría desencadenar más rápidamente enfermedad de Alzheimer».
La Dra. Butters observó que en algunos de estos participantes también puede haber elementos de aflicción complicada, «que no es lo mismo que depresión», —diagnósticos que en la actualidad se están debatiendo para la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5)—.
Terminó diciendo: «Lo fundamental es que si bien tenemos una idea de lo que podría causar enfermedad de Alzheimer, por el momento desconocemos en realidad cuáles son las causas. Me alegra saber que los investigadores van a analizar próximamente la edad a la que ocurrió la viudez para determinar si esto puede esclarecer esta cuestión».
El estudio fue financiado por el National Institute on Aging. La Dra. Norton y la Dra. Butters declararon no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.