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divendres, 14 de novembre de 2014

Estrés laboral: 8 actitudes que dicen…”¡¡no puedo más!!”

NOPUEDOMAS
El estrés laboral y el desbordamiento por “no poder más” es algo que afecta no solo a tu ámbito profesional sino a tu situación personal, social familiar…por eso, muchas veces y aunque sea de manera inconsciente, tu actitud en el trabajo refleja tu grado de saturación y rechazo a tu situación laboral.
¿Alguna vez has soñado “despierto” y te has visto contestando a tu jefe con una carcajada sobre un asunto de suma importancia…? ¿O has pensado en apagar el despertador por última vez, porque ya no tienes que volver a la oficina nunca más…? Seguro que sí. Y lo más probable es que, sin  darte cuenta, estés actuando de este mismo modo en la vida real, aunque probablemente sea de manera más sutil…. A continuación te indico 8 actitudes muy comunes con las que sin querer y probablemente de forma inconsciente, estás transmitiendo que ya no puedes más, transmitiendo también a tu jefe o jefa lo mucho que te desagrada tu trabajo.

Compañeros tóxicos para la salud


«Una persona envidiosa es capaz de utilizar la insidia y la mentira en sus actuaciones. Nuestra respuesta y actitud debe ir encaminada a debilitar sus estrategias. El envidioso sólo se frena ante nuestra seguridad», admite Mª Jesús Álava Reyes, directora del centro de psicología Álava Reyes de Madrid y autora del libro Trabajar sin sufrir.

En algún momento de nuestra vida nos hemos cruzado, o si no seguramente lo hagamos, con gente tóxica por el camino. Personas que de algún modo ponen nuestro mundo patas arriba y provocan desajustes en nuestra salud física y mental. Pueden poner de los nervios, inducir ansiedad, irritabilidad, amainar incluso nuestra autoestima y, en el peor de los casos, contribuir o generar depresiones importantes. Estas relaciones tóxicas se dan no sólo en parejas sino también con amigos, compañeros de trabajo, o incluso con familiares. ¿Cómo debemos actuar con ellos?
Aprender a manejar determinadas situaciones y adoptar herramientas para poder enfrentarse cara a cara con algunas personas es crucial para salir ileso ante ciertos comportamientos. «Hay muchas bajas laborales inducidas por malas relaciones con los compañeros o incluso con el propio jefe», mantiene Mila Cahue, psicóloga del mismo centro.

dissabte, 15 de febrer de 2014

Se PROTAGONISTA en TU VIDA

HAY QUE BUSCARSE  UN AMANTE

Autor: Dr. Jorge Bucay


Muchas personas tienen un amante y otras quisieran tenerlo. Y también están las que no lo tienen, o las que lo tenían y lo perdieron.

Y son generalmente estas dos ultimas, las que vienen a mi consultorio para decirme que están tristes o que tienen distintos síntomas como insomnio, pesimismo, falta de voluntad, crisis de llantoo los mas diversos dolores.

En fin, palabras más, palabras menos, están verdaderamente desesperanzadas. Me cuentan que sus vidas transcurren de manera monótona y sin expectativas, que trabajan nada mas que para subsistir y que no saben en que ocupar su tiempo libre.

Antes de contarme esto ya habían visitado otros consultorios, en los que recibieron la condolencia de un diagnóstico seguro: "Depresión" y la infaltable receta del antidepresivo de turno.
  




Entonces, después de que las escucho atentamente, les digo que no necesitan un antidepresivo; que lo que realmente necesitan, es un amante!!


dijous, 6 de desembre de 2012

Ansiedad asociada a la personalidad o a vivencias puntuales

La reacción ante determinadas situaciones varía si la ansiedad se asocia a la personalidad o al estado en que se encuentra una persona.


No es lo mismo ser ansioso que estar ansioso. Cuando una persona se encuentra ante situaciones de estrés o de ansiedad no actúa igual que cuando se siente tranquila. Del mismo modo, tener una personalidad ansiosa puede afectar al comportamiento ante las distintas situaciones de la vida cotidiana. Se ha demostrado que los rasgos que describen a una persona como ansiosa o estar sometido a un periodo de ansiedad son dos situaciones bien distintas y que, además, modulan los procesos de atención de forma diferente. Esta conclusión abre la puerta a posibles tratamientos para ciertos trastornos de ansiedad.

Es la primera vez que se separa el hecho de tener una personalidad ansiosa con un episodio de ansiedad puntual. Siempre se había asumido su equivalencia. El argumento hasta ahora era que ambos tipos de ansiedad  se caracterizaban por facilitar el procesamiento de información negativa (miedo, malas noticias…). La primera, denominada ansiedad-rasgo, se corresponde con una característica de personalidad que señala cierta propensión a la inquietud y al desasosiego  persistentes. La ansiedad-estado es una reacción emocional puntual, como respuesta a una situación o contexto estresante. Por tanto, tiene una naturaleza más inmediata y menos duradera.

Investigadores del Departamento de Psicología Experimental y Fisiología del Comportamiento de la Universidad de Granada han analizado los efectos de una y otra. Los resultados, publicados en ‘Psychological Science’, muestran que, en ambos casos, se reacciona de modo distinto a cómo sería de esperar con una actitud más serena y tranquila, pero la reacción es diferente si la ansiedad se asocia al rasgo o al estado.

Dos subtipos, dos afectaciones
Para establecer si había diferencias de reacción en los dos tipos de ansiedad, los investigadores trabajaron con cuatro grupos: participantes con altos y bajos niveles de ansiedad-rasgo y otros dos grupos a quienes indujeron previamente un estado de ansiedad elevado o un estado afectivo positivo. Los resultados revelaron respuestas diferentes respecto a la atención. Los participantes con ansiedad-rasgo destacaron por un déficit en el funcionamiento de la red de control cognitivo, encargada de la resolución de conflictos y el control voluntario de la acción. Estas funciones están relacionadas con el córtex prefrontal (área asociada con la función de pensar sobre el futuro, hacer planes y realizar acciones).

Los participantes con ansiedad-estado alcanzaron índices superiores de alerta y orientación, relacionados con las redes de atención más influidas por los procesos de análisis del estímulo. Además de aportar las primeras evidencias sobre las diferencias de estos dos tipos de ansiedad al modular los procesos de atención, el trabajo también pone de manifiesto que esta variación se da en circunstancias que no requieren procesar la información afectiva.

Los investigadores creen que esclarecer esta disociación es muy interesante para desarrollar terapias que permitan a los pacientes con problemas de ansiedad desarrollar una mayor capacidad para controlar su comportamiento. Se les enseñaría a fortalecer mecanismos que les centren en las demandas de la situación y prescindir de cualquier elemento de distracción.

Estrecha relación
Las ansiedades rasgo y estado están íntimamente relacionadas. Una persona con un nivel de ansiedad-rasgo bajo puede mostrar reacciones de fuerte ansiedad ante situaciones precisas, como un examen; una persona con un nivel elevado de la misma, por regla general, tiene una ansiedad-estado también alta y se sentirá nerviosa no sólo ante un examen, sino en muchas otras situaciones. Muchos especialistas aseguran que la ansiedad-rasgo subyace en numerosos trastornos de ansiedad. Tiene una importante carga genética y se considera que podría estar implicada en una mayor vulnerabilidad para padecer trastornos de ansiedad y de depresión.

Para algunos autores, la manifestación más pura de un nivel elevado de ansiedad rasgo es el Trastorno de Ansiedad Generalizada. La mayoría de las personas que sufren este problema aseguran tener una personalidad ansiosa. Entre los principales síntomas del Trastorno de Ansiedad Generalizada destacan: dificultad para concentrarse o para controlar la preocupación (a menudo, excesiva), sudoración, palpitaciones, dificultad para respirar, síntomas gastrointestinales, fatiga, irritabilidad, tensión muscular, dolores de cabeza, temblores, inquietud y alteraciones del sueño.

Chicas, ansiedad y matemáticas
Varios estudios han constatado que la actitud del sexo femenino ante las matemáticas no es la misma que la del sexo masculino. Esto se debe a la ansiedad. Debido a la sensación de tener que demostrar “algo más” que su homólogo del sexo masculino, muchas profesoras viven las matemáticas con angustia. Un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Chicago (EE.UU.), publicado en la revista ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’, constata que las maestras de la escuela elemental que sienten ansiedad ante la asignatura, a menudo, pasan el estereotipo a sus estudiantes chicas, que rinden entonces menos que los chicos.

Al inicio de los experimentos, los logros en matemáticas no estaban asociados con la ansiedad de la profesora. Sin embargo, al final del año escolar, cuanto más nerviosas se mostraban, más probable era que las chicas, pero no los chicos, creyeran en la siguiente idea: los chicos son buenos en matemáticas y las chicas son buenas en lectura. Y durante las siguientes pruebas de matemáticas, los investigadores descubrieron que las chicas que aceptaban este estereotipo rendían peor que las jóvenes que no lo hacían.

Este estudio concuerda con un trabajo elaborado por investigadoras de las universidades estadounidenses de Villanova, Wisconsin y California, que concluye que en países con más equidad de género hay también más equilibrio entre los niveles de matemáticas. Las investigadoras explican que los estereotipos sobre las capacidades de las mujeres generan distintos niveles de confianza en sí mismas, así como ansiedad en las niñas.

Consumer-Erosqui
http://www.prismasa.org/ansiedad-asociada-a-la-personalidad-o-a-vivencias-puntuales/



Diferencias de personalidad entre adictos a sustancias y población general. Estudio con el TCI-R de casos clínicos con controles emparejados


...si controlamos variables como el sexo, la edad o el nivel de estudios, las únicas diferencias significativas entre adictos y no adictos se circunscriben a dos rasgos: la Búsqueda de Novedad y la Autodirección. Estas diferencias podrían no ser previas, sino consecutivas al uso repetido de las sustancias, lo que reflejaría más el efecto de las drogas sobre los sustratos neuropsicológicos de la conducta que predisposiciones a la adicción.


Eduardo José Pedrero Pérez, Gloria Rojo Mota


Resumen
Explorar diferencias en rasgos de personalidad entre sujetos adictos a sustancias en tratamiento y sujetos de población general emparejados en las variables: sexo, edad y nivel de estudios. Material y método: Se obtuvo por muestreo consecutivo una muestra de sujetos que inician tratamiento por abuso/ dependencia de sustancias en un centro público (CAD 4). Mediante la técnica de "bola de nieve" se obtuvo una muestra de población general. Se consideraron únicamente las parejas (un sujeto de cada muestra) que presentan la misma edad, el mismo sexo y el mismo nivel de estudios. De este modo se obtuvieron 55 parejas. Se utilizó el TCI-R de Cloninger y se compararon los resultados globales, cruzando las diversas variables. Resultados: Solo aparecieron diferencias significativas y consistentes en dos rasgos: Búsqueda de Novedad, mayor en adictos, y Autodirección, mayor en población general. Conclusiones: Los datos sugieren que las diferencias observadas no son previas, sino consecutivas al consumo, pareciendo que son los efectos de las sustancias y las condiciones psicosociales asociadas al consumo las que exacerban o impiden el desarrollo de los rasgos. Se relacionan los hallazgos con estudios que vinculan estas variables con funciones neuropsicológicas y se propone la inclusión de esta perspectiva neuropsicológica en la evaluación y tratamiento de los trastornos adictivos.

Adicciones: Revista de socidrogalcohol, ISSN 0214-4840, Vol. 20, Nº. 3, 2008 , págs. 251-261
http://www.adicciones.es/files/pedrero%20(TCI-R).pdf

divendres, 2 de novembre de 2012

El perfil del maltratador más violento


Un estudio con 76 presos revela la alta tasa de trastornos de personalidad
La mayoría de los que cometen delitos leves esconde problemas culturales

Ilustración de Elena Águila  Ilustración de Elena Águila

PATRICIA MATEY
Tras un maltratador se oculta un hombre machista o uno emocionalmente inestable y dependiente. También puede esconderse alguien enganchado al alcohol y a las drogas, o que sufre una enfermedad mental. Pero tras la mayoría de los que cometen los delitos más graves habitan uno o varios trastornos de la personalidad y muchos de ellos tienen tendencias psicopáticas.

Éste es el hallazgo realizado por Javier Fernández Montalvo, de la Facultad de Psicología de la Universidad Pública de Navarra y Enrique Echeburúa, catedrático de Psicología Clínica en la Universidad del País Vasco, tras analizar la existencia de alteraciones de personalidad y psicopatías en 76 hombres, de 19 a 71 años, que estaban en prisión por haber cometido un delito de violencia de género.

Javier Madina, psicólogo y especialista en aspectos clínicos y perfiles psicopatológicos del hombre maltratador en Guipúzcoa, destaca que los rasgos "apuntados en el trabajo no son los comunes en los maltratadores de delitos leves. Estos últimos son personas que saben perfectamente lo que hacen. Aunque pueden ser un poco obsesivos, su actitud se debe fundamentalmente a la educación y a problemas culturales".

Los participantes, que llevan encarcelados una media de dos años, forman parte de una investigación más amplia sobre la evaluación de un programa de intervención psicológica con presos por malos tratos desarrollado en 18 centros penitenciarios. "Un aspecto significativo es que el 18,4% ha cometido un delito de homicidio (o al menos lo ha intentado) contra su pareja y el 35,5% tiene antecedentes penales", explican los autores en el trabajo, que ha visto la luz en la revista 'Psichothema'.

Trastornos de la personalidad
También resulta llamativo para los investigadores el hecho de que un 38% tenga antecedentes psiquiátricos, "fundamentalmente trastornos adictivos y depresión", insisten.

Pero el dato más relevante de la investigación señala que el 86,8% de los reclusos por malos tratos muestra al menos un trastorno de personalidad y un 14,4% tiene tendencias psicopáticas claras. Estas cifras, coherentes con las de otros estudios previos según refiere el trabajo, están muy por encima de las tasas habituales entre la población general.

"Sabemos que los maltratadores no tienen una patología mental grave, porque cumplirían sus condenas en institutos psiquiátricos penitenciarios. Pero también sabemos por su comportamiento, que tampoco son personas normales. Con este estudio hemos tratado de establecer qué problemas tienen para poder diseñar terapias adecuadas para su reinserción", explica a elmundo.es el profesor Enrique Echeburúa.

No obstante, los especialistas se muestran prudentes con los resultados ya que la muestra del trabajo "es pequeña, por eso hay que valorar los datos con más cautela. Sobre todo teniendo en cuenta que las conclusiones se basan en maltratadores en prisión, que son los sujetos más violentos", comenta María del Rosario Mesonero, vocal del Colegio Oficial de Psicólogos de Las Palmas de Gran Canarias que participará este fin de semana en las III Jornadas Estatales de Violencia de Género, que se celebrarán en Las Palmas.

Divorciados y con antecedentes
Las personas con trastornos de la personalidad muestran dificultades para manejar su estrés, los problemas cotidianos y, a menudo, tienen relaciones interpersonales tormentosas con los demás. El problema se puede presentar de forma leve o severa, pero en ambos casos el tratamiento es complicado. Entre los presos del estudio, los trastornos dependientes, compulsivos y paranoides fueron los más frecuentes.

Por si fuera poco, "el número medio de estos trastornos diagnosticados para cada sujeto en el estudio fue de 2,5. Esta cifra refleja una presencia masiva y, probablemente, excesiva", recuerdan los autores del estudio, que señalan que tal vez este hallazgo "se deba a los instrumentos de evaluación utilizados en la investigación".

Se ha observado, además, que, entre los presos evaluados hay un predominio de maltratadores divorciados (59%), por encima de los solteros (23%), casados (13,%) y viudos (3%). "El 35% presenta antecedentes penales, lo que significa que dos de cada tres sujetos son delincuentes primarios y están inmersos en una carrera delictiva", agregan los autores. Y su nivel socioeconómico oscila clase baja y media-baja.

"La alta tasa de trastornos de personalidad observada en los maltratadores de la muestra indica la necesidad de continuar con esta línea de investigación. Se trata, como ya se ha señalado, de identificar subtipos específicos de agresores y desarrollar así programas concretos de evaluación e intervención adaptados a dichas características", determinan las conclusiones del ensayo.

Factores de riesgo para las víctimas
Dos millones y medio de mujeres confiesan haber sido víctimas de maltrato en algún momento de su vida. En 2007, el número de mujeres asesinadas a manos de sus parejas ascendió a 74. "En los últimos años se ha producido un aumento considerable de las investigaciones relacionadas con los hombres que agreden física o psicológicamente a la mujer. Ello ha traído consigo un conocimiento más preciso del perfil psicológico que presentan estos maltratadores, tanto de los que continúan viviendo con la víctima como de aquéllos que cumplen condena en prisión", reza el estudio.

Por todo ello se sabe que llevar más de 10 años casada, haber recibido malos tratos físicos habituales y amenazas de muerte, pertenecer a una clase social baja, haber abandonado a su agresor después de una larga convivencia y llevar separados de hecho menos de nueve meses son los principales factores de riesgo para las víctimas.

"En estos casos, el homicidio es el último episodio de una historia anterior de malos tratos", reconoce Enrique Echeburúa en otro artículo sobre el perfil psicopatológico de los hombres violentos contra la pareja y los programas de intervención, realizado para el Centro de Estudios Jurídicos, adscrito al Ministerio de Justicia.

http://www.elmundo.es/elmundosalud/2008/11/25/neurociencia/1227613365.html

dilluns, 3 de setembre de 2012

Protocolos de Intervención diagnóstico dual en la esquizofrenia


Roncero, Carlos MD, Barral, Carmen MD; Grau-López, Lara MD, Diana MD, Szerman, Néstor MD , Casas, Miguel, Ruiz, Pedro MD
Resumen
Objetivo: Revisar la literatura existente sobre el tratamiento psicofarmacológico y psicoterapéutico de los pacientes con esquizofrenia y un trastorno por consumo de sustancias (TUS).
Métodos: Se realizó una revisión selectiva de la literatura. PubMed hasta noviembre de 2010.
Resultados: Los pacientes con trastornos psicóticos con frecuencia también tienen TCS. Para tratar de explicar su coexistencia alta hay diferentes hipótesis, como la automedicación o las teorías de inducción de drogas de la psicosis crónica. Mecanismos de la patogénesis se desconoce. Los pacientes pueden utilizar sustancias para controlar o minimizar los síntomas como las alucinaciones o ansiedad, para el manejo de estados emocionales negativos, para contrarrestar los síntomas negativos y como un medio de integración en un grupo. El diagnóstico es complicado. Es importante identificar correctamente a estos pacientes porque tienen una más severa psicopatología, un comportamiento social más violento, y tienen más comorbilidad con otras enfermedades médicas (como el virus de la inmunodeficiencia humana, o virus de la hepatitis C), lo que empeora el pronóstico. El conocimiento de las características clínicas y necesidades de estos pacientes se debe permitir que los programas de tratamiento adecuadas a desarrollar.
Conclusiones: El abuso de sustancias empeora el curso y pronóstico de la esquizofrenia y hace que el tratamiento psicofarmacológico y psicoterapéutico más difícil. Psicóticos se caracterizan por una doble baja adherencia al tratamiento y la escasa vinculación a los servicios de salud. Por lo tanto, el modelo de tratamiento integrado, en el que el equipo terapéutico misma manera conjunta aborda la esquizofrenia y SUD, se ofrece como una opción terapéutica de elección en el manejo de estos pacientes.

Personalidad y la psicopatología de los estudiantes universitarios


Tosevski, Dusica L; Milovancevic, Milica P; Gajic, Saveta D

Propósito de la crítica: Los estudiantes universitarios representan el capital nacional y la inversión para el futuro, con una misión implícita, tanto para sus familias y para la sociedad en su conjunto. Sin embargo, se enfrentan a múltiples factores estresantes, como la sobrecarga académica, la presión constante de tener éxito, la competencia con sus compañeros y en algunos países la carga financiera y la preocupación por el futuro. Como todo esto puede conducir a la psicopatología, la salud de los estudiantes universitarios ha sido objeto de atención creciente en los últimos años.
Hallazgos recientes de múltiples factores protectores y de riesgo están implicados en el bienestar psicológico y la angustia de ser de los estudiantes universitarios. Los factores específicos de riesgo para el desarrollo de la psicopatología son ansiedad ante los exámenes de alta, baja auto-eficacia, así como ciertos rasgos de personalidad. Por otra parte, algunos estudiantes llegan a la universidad con la que ya existen problemas de salud mental. Los trastornos mentales más frecuentes entre los estudiantes son el abuso de sustancias, la depresión, las autolesiones y el suicidio, la alimentación y trastornos de ansiedad.
Resumen: Adquirir y mejorar el conocimiento sobre la población estudiantil es un factor crucial en el desarrollo de programas de promoción de la salud mentales con el fin de satisfacer sus necesidades y ayudarles a hacer frente a diversos problemas. Mejor comprensión y el cuidado del perfil de la personalidad de los estudiantes universitarios puede ser útil en la elección académica y profesional y la prevención de futuros problemas de salud mental.

Què entenem per Trastorns de la Personalitat?.


La personalitat, es presenta com un patró complex, de característiques psicològiques profundament arrelades que s’expressen de forma automàtica en gairebé totes les àrees de l’activitat psicològica, i que conforma la constel-lació complerta de la persona.
“Els trets de la personalitat són patrons persistents de formes de percebre, relacionar-se i pensar sobre el seu entorn i sobre un mateix, que es posen de manifest en una ample gamma de contexts socials i personals. Aquests trets de personalitat només constitueixen Trastorns de la personalitat quan són inflexibles i inadaptables i causen un deteriorament funcional significatiu o un malestar subjectiu”
No hem de confondre, però, la personalitat amb dos termes altament relacionats amb ella , el caràcter (característiques adquirides a mesura que creixen les persones, conforme a les normes de la societat a la qual pertany) i el temperament (depèn d’una disposició biològica bàsica enfront de certs comportaments).
Podríem dir que el caràcter reflexa el resultat de la influència de l’educació que un ha rebut, i el temperament representa la influència de la naturalesa, encara que físicament codificada.

Diferencias de sexo en la dependencia del alcohol: Dimensiones de personalidad, carcaterísticas psicopatológicas y trastornos de personalidad.


Ricardo Bravo de Medina, Enrique Echeburúa* y Javier Aizpiri  Clínica de Medicina Psico-orgánica y *Universidad del País Vasco
 
Las causas específicas del incremento actual de la dependencia del alcohol en la mujer están relacionadas, fundamentalmente, con la irrupción creciente de la mujer en el mundo laboral, con la evolución del rol femenino en diferentes ámbitos, con el estilo juvenil de diversión uniforme en ambos sexos y con el aumento del estrés en la vida adulta, derivado de su doble papel de madre y trabajadora.
Como ocurre en otras adicciones, hay algunas diferencias en ambos sexos en cuanto a la dependencia del alcohol: los patrones de consumo en la mujer son diferentes (mayor tendencia de la mujer a beber en casa y a escondidas, con sentimientos de vergüenza y culpa, y mayor tendencia a la negación); el inicio de consumo suele ser más tardío en la mujer; los factores etiológicos no son exactamente los mismos que en el hombre (mayor relevancia del fracaso de la vida afectiva); las repercusiones del trastorno son distintas (mayor incidencia de trastornos psicosomáticos y de depresión en las mujeres, mayores conflictos de convivencia y mayor rechazo social); y, finalmente, mayor resistencia a buscar ayuda terapéutica.
Aun siendo abundante la bibliografía sobre la dependencia del alcohol, es escasa la que enfoca este problema desde la perspectiva del perfil diferencial en función del sexo. Este estudio supone una clarificación de los aspectos diferenciales en el ámbito psicopatológico y de los trastornos de personalidad y da pie para futuros estudios relacionados con programas de intervención diferenciados para hombres y mujeres.
El objetivo de la investigación que aquí se reseña era estudiar las posibles diferencias de sexo en la dependencia del alcohol en lo referente a dimensiones de personalidad, características psicopatológicas y trastornos de personalidad. La muestra estuvo formada por 158 pacientes dependientes del alcohol en tratamiento (105 hombres y 55 mujeres). Se les administraron diversas pruebas de personalidad (la Escala de Impulsividad, la Escala de Búsqueda de Sensaciones y el STAI-R), algunas pruebas psicopatológicas (SCL-90-RBDISTAI-E y la Escala de Inadaptación) y una entrevista estructurada para los trastornos de personalidad (IPDE).
En cuanto a la muestra obtenida, hubo un mayor porcentaje de hombres (65%) que de mujeres alcohólicas (35%), como ocurre también en otras investigaciones. Lo llamativo es que la ratio de 2/1 de nuestro estudio revela la cada vez mayor equiparación de hombres y mujeres en el ámbito de la dependencia alcohólica.
No han aparecido diferencias significativas entre hombres y mujeres en las dimensiones de personalidad. Sin embargo, el perfil psicopatológico ha resultado ser diferencial. Las mujeres alcohólicas presentan una mayor gravedad en la sintomatología ansioso-depresiva (tristeza y culpa, deterioro de la autoestima, soledad, nerviosismo, etcétera), lo que les lleva a una mayor inadaptación a la vida cotidiana.
En cuanto a los trastornos de personalidad, éstos han sido abundantes en la muestra total. Los hombres (65%) han presentado más trastornos de personalidad que las mujeres (41,8%) y un mayor número de trastornos por personaPor lo que se refiere al tipo específico de trastornos, entre las mujeres han sido más frecuentes el obsesivo-compulsivo, el dependiente y el histriónico, pertenecientes fundamentalmente al cluster C. Los hombres, en cambio, se han visto afectados fundamentalmente por el paranoide, el narcisista y el antisocial, junto con el obsesivo-compulsivo (que es el único compartido con las mujeres).
 
Hay, por tanto, dos perfiles psicopatológicos claramente diferenciados en función del sexo. La mayor presencia de sintomatología ansioso-depresiva y de trastornos de personalidad del cluster (ansioso-temeroso) en la mujer da pie para incorporar en los programas de tratamiento técnicas reductoras de la ansiedad y de la depresión. A su vez, el mayor grado de inadaptación a la vida cotidiana en la mujer alcohólica sugiere la conveniencia de establecer un formato grupal de tratamiento, al menos de forma complementaria a la terapia individual.
Por lo que al hombre dependiente del alcohol se refiere, de la mayor frecuencia y heterogeneidad de los trastornos de personalidad se concluye que los programas de tratamiento deberían abordar más específicamente, una vez conseguida la abstinencia inicial, el tratamiento de este tipo de trastornos.
Estos enfoques sugeridos podrían potenciar los programas de tratamiento actualmente disponibles y mejorar los resultados a largo plazo.
El artículo original en el que se basa este trabajo puede encontrarse en la revista Psicothema:
Bravo de Medina, R., Echeburúa, E., y Aizpiri, J. (2008). Diferencias de sexo en la dependencia del alcohol: dimensiones de personalidad, características psicopatológicas y trastornos de personalidad. Psicothema, Vol. 20 (2), 218-223.

El 49% de las personas con trastorno bipolar no están diagnosticas.


Alrededor del 49 por ciento de las personas que sufren un trastorno bipolar no están diagnosticadas y, el 31 por ciento de los que conocen esta enfermedad han recibido un tratamiento equivocado de depresión mayor, según han asegurado diversos expertos, en el XI Seminario Lundbeck 'El desgobierno de la mente', quienes, además, han comentado que el 34 por ciento de estas personas ha vivido más de diez años con síntomas de la enfermedad antes de su diagnóstico.
El trastorno bipolar es una enfermedad mental que afecta a casi un millón de españoles y que con los medios actuales es perfectamente tratable en la mayor parte de los casos. No afecta a la inteligencia, sino a la regulación de las emociones y sus causas son una combinación de factores genéticos y ambientales. Asimismo, su tratamiento es farmacológico y psicoterapéutico.
En este sentido, la responsable del Programa de Trastornos Bipolares del Servicio de Psiquiatría en el Hospital Universitario La Paz de Madrid, Consuelo de Dios, ha recordado que se trata de una enfermedad en la que aparecen episodios de hipomanía o de manía en algún momento de su evolución y, en la inmensa mayoría de los casos, se producen también fases depresivas a veces más prolongadas.
"Tiende a ser crónica y recurrente, y se puede manifestar con un conjunto de diferentes síntomas psicológicos, conductuales y físicos no siempre fáciles de diagnosticar y tratar. No obstante, muchos pacientes adecuadamente tratados pueden llevar una vida y unas relaciones normalizadas", ha recalcado.
El tratamiento de esta enfermedad está basado en la combinación de tratamiento farmacológico y psicoeducación. Así, entre los fármacos empleados para tratar el trastorno bipolar se encuentran los estabilizadores del ánimo como el litio, algunos anticonvulsivantes y los antipsicóticos. "La psicoeducación es un tratamiento que desempeña una función preventiva. Se realiza en grupo, y trata de dar al paciente herramientas para manejar mejor su enfermedad y convivir con ella", ha explicado el director del Área de Psicoeducación y Tratamientos Psicológicos, Programa de Trastornos Bipolares en IDIBAPS, Hospital Clínic de Barcelona, Francesc Colom.
A su juicio, la terapia es importante porque, siempre en combinación con los fármacos, es un tratamiento que permite que el paciente bipolar recupere el control de su vida, tenga menos episodios --la mitad, según nuestros estudios-- y que estos sean 75 por ciento más breves. "Con lo que se recupera mucha calidad de vida, se ahorra mucho sufrimiento y costes debido a que se reduce al mínimo los ingresos hospitalarios y las visitas urgencias", ha recalcado.
Asimismo, el trastorno bipolar puede disminuir la esperanza de vida entre 13 y 30 años. Según ha asegurado De Dios, en esta enfermedad la mortalidad está relacionada con causas no naturales como, por ejemplo, el suicidio o los accidentes, pero más aún con causas naturales, fundamentalmente problemas cardiovasculares y endocrino-metabólicos.
"Las enfermedades que con más frecuencia se presentan en el paciente con trastorno bipolar son la obesidad mórbida, la diabetes mellitus y las enfermedades cardiovasculares, entre otras. Además, los problemas de abuso de sustancias, incluyendo el alcohol, son mucho más frecuentes en el paciente con trastorno bipolar que en la población general, y esto también conlleva un alto riesgo de morbi-mortalidad", ha explicado.
También el abuso de sustancias se asocia de forma frecuente con el trastorno bipolar. Así, la prevalencia de vida es del 40 por ciento o superior para el abuso de alcohol y otras drogas en el trastorno bipolar I y del 20 por ciento en bipolar II.
"Es ineludible abordar y prevenir estos problemas de salud física desde el inicio de la enfermedad bipolar, sin esperar a que estas complicaciones se desarrollen posteriormente", ha concluido De Dios.

1/jun/2012 Europa Press. 2012 May

Trastornos de Personalidad en Patología Dual


Introducción
EL Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos MentaleS IV-TextoRevisado (DSM-IV-TR), reconoce 11 tipos de trastornos de la personalidad (TP) diferentes que define como un patrón permanente e inflexible de experiencia interna y de comportamiento que se aparta acusadamente de las expectativas de la cultura del sujeto, de inicio en la adolescencia o principio de la edad adulta, con un patrón de estabilidad a lo largo del tiempo y que comporta malestar o perjuicios. La OMS, en la 10ª revisión de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10), coincide en gran medida con lo expuesto con anterioridad, si bien incluye dichos trastornos en la clasificación general de los trastornos mentales (mientras que el DSM-IV-TR, los clasifica en un apartado diferente del de las entidades clínicas, el eje II). La CIE-IO describe 10 tipos de trastornos de la personalidad, sin agruparlos en categorías. Los criterios para cada trastorno son similares a los establecidos por el DSM-IV-TR, si bien la CIE-10 no considera el trastorno esquizotípico como un trastorno de la personalidad, sino como un cuadro clínico afín a la esquizofrenia, y no incluye el trastorno narcisista de la personalidad.
Este modelo categorial de los trastornos de la personalidad ha demostrado una elevada inespecificidad, dado el gran nivel de solapamiento y comorbilidad entre los distintos trastornos reconocidos y caracterizados en las nosologías actuales. Por ello, está en fase de estudio la adopción de un modelo dimensional de la personalidad para futuras ediciones, especialmente en el caso de la clasificación DSM.
Patologia-Dual
Etiopatogenia
Desde el punto de vista teórico, como en otros cuadros clínicos de patología dual, son posibles diversas relaciones de causalidad entre ambos diagnósticos.
  1. El trastorno de la personalidad es un factor premórbido y predisponente al consumo de sustancias (rasgos como la impulsividad, el aislamiento o el bajo estado de ánimo facilitarían el uso de éstas).
  2. Los rasgos anómalos de personalidad serían consecuencia del TUS (bien por los factores estresores asociados al consumo o por los cambios biológicos secundarios al daño orgánico cerebral producido por las sustancias).
  3. Ambos trastornos podrían ser debidos a factores causales comunes (existiría una vulnerabilidad común o un trastorno clínico subyacente a ambos diagnósticos).
  4. Ambos trastornos son independientes (no existe entre ellos ninguna relación de causalidad). Se trataría de una relación patoplástica en la que la presencia de uno de los diagnósticos modificaría la expresión clínica del otro.
  5. La relación entre ambos tipos de trastornos es espuria, facilitada por factores de confusión o por el propio diseño de las actuales clasificaciones, que facilitan los solapamientos entre las categorías.
Manifestaciones clínicas
Como ya ha quedado claramente señalado en el capítulo de epidemiología, la asociación más frecuente entre los TUS y de la personalidad tiene lugar con los trastornos del grupo B, especialmente con el trastorno antisocial y el trastorno límite de la personalidad. La presencia concomitante de un TP tiene implicaciones en la clínica, el pronóstico y los tratamientos del trastorno por uso de sustancias. Numerosos estudios han relacionado la presencia de otro trastorno comórbido con una peor respuesta y peor pronóstico del trastorno por uso de sustancias, así como con una elevada tasa de abandonos prematuros de los programas de tratamiento. Estos pacientes suelen tener un contacto más precoz con las sustancias y sus manifestaciones clínicas son más graves y complejas. Aunque existen autores que ponen en duda que el hecho de padecer un trastorno de la personalidad comórbido implique necesariamente cronicidad, sí parece existir un consenso unánime en que constituye un marcador de mal pronóstico, asociándose con mayor tasa de consumos, mayor número de tentativas de suicidio, mayor accidentabilidad y mayor problemática legal. Cuando se aborda el tratamiento de estos pacientes duales, hay que tener en cuenta que la presencia de un trastorno de personalidad suele perturbar la relación médico-paciente, puesto que estos enfermos toleran mal cualquier tipo de autoridad, incluida la del propio médico. Por otra parte, estos pacientes suelen realizar demandas atípicas a los servicios de salud, con frecuentes consultas a urgencias o en situaciones de crisis. Además, la adherencia o cumplimiento terapéutico suele ser peor, con repetidas altas voluntarias, abandonos y reingresos.
Tratamiento de los trastornos de personalidad y TUS comórbidos
En la actualidad no existe un tratamiento específico para los pacientes con trastornos de personalidad y por uso de sustancias comórbidos. No obstante, el abordaje psicoterapéutico está indicado en prácticamente todos los casos, y constituye el tratamiento de elección en estos trastornos. Los psicofármacos presentan una eficacia limitada, aunque a menudo se recurre a ellos con una indicación sintomática. Las evidencias más recientes sugieren utilizar estrategias terapéuticas de tipo cognitivo-conductual, si bien actualmente carecemos de ensayos clínicos controlados y aleatorizados que puedan situar a las diferentes modalidades psicoterapéuticas en su justo lugar. Hay que tener presente que, por sus características clínicas, nos encontramos ante un grupo de pacientes que requieren amplia experiencia y habilidades específicas por parte del terapeuta, que deberá buscar una alianza terapéutica adecuada con unos límites estrictos. La duración y frecuencia  de las entrevistas debe ser variable. En general, las sesiones no suelen ser estructuradas y se aborda el presente y futuro inmediato, en lugar del pasado. Se recomienda la realización de entrevistas frecuentes con los familiares, con el fin primordial de contener la angustia e identificar y manejar los factores desadaptativos existentes.
Cuando un trastorno de personalidad coexiste con uno por uso de sustancias, es imprescindible indicar un tratamiento sustitutivo o corrector del TUS. En estos casos, el tratamiento de la drogodependencia suele ser prioritario sobre el tratamiento del trastorno de personalidad. Por último, no hay que olvidar que, en general, el objetivo de conseguir la abstinencia completa puede ser poco realista y difícil de alcanzar en muchos de estos pacientes. Por ello, deberían rechazarse las posturas extremas, así como la instauración de castigos tras las recaídas, ya que estas situaciones son vividas por los pacientes como abuso de poder, y disminuyen su compromiso terapéutico. En este sentido, las técnicas psicoeducativas dirigidas a la concienciación sobre los riesgos asociados al consumo, las entrevistas motivacionales y los programas de reducción de daños centrados en la disminución de las consecuencias negativas asociadas al consumo y en el desarrollo de los factores psicosociales que favorezcan la abstinencia son las técnicas psicoterapéuticas más eficaces.
Trastorno antisocial de la personalidad y TUS
En el manejo clínico de estos pacientes existen dos dificultades específicas dignas de destacar: a) pocas veces acuden a tratamiento por decisión propia, por lo que, sobre todo al inicio del tratamiento, el terapeuta es considerado un elemento opresor, y b) el consumo de sustancias suele persistir a lo largo de la terapia y al finalizarla, con la consiguiente frustración del terapeuta. Por estas razones, se recomienda tener presente una serie de niveles jerarquizados en función de los cuales se han de poner en práctica diferentes y progresivas modificaciones cognitivas, conductuales y/o discusiones guiadas.Las acciones específicas deben graduarse en función de los pensamientos y conductas desadaptativas del paciente. Por otra parte, los diferentes niveles de psicoterapia deberían aplicarse tras lograr la estabilización del trastorno adictivo.
  1. Primer nivel: el paciente se centra en su propio interés y sus acciones se centran en obtener recompensas o en evitar castigos inmediatos, sin tener en cuenta las consecuencias sobre terceros. En este nivel puede ser de gran utilidad el análisis de ventajas e inconvenientes.
  2. Segundo nivel: el paciente reconoce las consecuencias de su conducta y tiene mayor comprensión de su efecto sobre los demás. Sus acciones van, de forma lenta y gradual, centrándose en las consecuencias a largo plazo. La imaginación guiada puede ser muy útil para que el paciente aprenda a imaginar el futuro y a retrasar la gratificación (aprende a distinguir pros y contras de sus acciones «a corto plazo» de pros y contras «a largo plazo»). El terapeuta describe varios resultados posibles para que el paciente los dibuje en su imaginación. Las descripciones negativas suelen representar consecuencias aversivas para los pacientes en relación con el mantenimiento del consumo de sustancias. Las imágenes positivas se asocian con consecuencias derivadas de la abstinencia de sustancias. Otra técnica complementaria sería el aprendizaje y puesta en marcha de habilidades sociales para resistir el impulso de involucrarse en conductas desadaptativas y peligrosas (consumo de sustancias, violencia, sexo indiscriminado, etc.).
  3. Tercer nivel: el paciente demuestra respeto a las reglas o al compromiso con los demás.
Trastorno límite de la personalidad y TUS
Al igual que los pacientes con un trastorno antisocial de la personalidad, éstos presentan muy poca tolerancia a la frustración, se muestran incapaces de aprender de errores previos, consumen sustancias psicoactivas para afrontar el estrés y tienen grandes dificultades para establecer relaciones interpersonales en general, y con sus terapeutas en particular. Estos pacientes pueden presentar todo tipo de distorsiones cognitivas y, especialmente, un «pensamiento dicotómico » (las experiencias son evaluadas en términos de categorías excluyentes y no distribuidas en un continuo). Los problemas en las relaciones interpersonales «obligan» al terapeuta a tratar de mantener una relación adecuada con el paciente, mediante la utilización de una comunicación clara y franca y el manejo rápido y directo de las fuertes respuestas emocionales y de las crisis.
Dado que son pacientes con tendencia a evitar la soledad y que la red social de muchos de ellos incluye a otros individuos consumidores de sustancias, es necesario facilitar las habilidades sociales necesarias para que puedan establecer nuevas relaciones con personas más adaptadas. Otros aspectos fundamentales son que el paciente aprenda a reaccionar ante la frustración de modo no desproporcionado y autopunitivo, a expresar sus estados emocionales negativos de forma mesurada, y a que corrija su tendencia al pensamiento dicotómico y a la generalización inadecuada. La reestructuración cognitiva puede ser de gran utilidad en estos pacientes. Otras técnicas que pueden emplearse son la terapia familiar y/o de pareja y la terapia ocupacional.
Tratamiento farmacológico
No existe un tratamiento farmacológico específico para los pacientes con TP y TUS comórbidos, aunque cada vez son más los estudios que evalúan la utilidad de determinados psicofármacos en el manejo de síntomas específicos. Sin embargo, la mayoría se basan en descripciones de casos o estudios abiertos, siendo excepcionales los ensayos clínicos controlados y doble ciego. La mayoría de los estudios farmacológicos se han centrado en los trastornos antisocial y límite de la personalidad, o bien en rasgos/síntomas característicos de los distintos trastornos de la personalidad, o en rasgos comunes a diversos trastornos de la personalidad y a los trastornos adictivos, como en la dificultad para el control de los impulsos y la agresividad. Otro aspecto digno de señalar es la necesidad  y conveniencia de utilizar el arsenal terapéutico disponible y consensuado para el tratamiento de las distintas adicciones. En este sentido, hay que tener presente que la utilización de tratamientos farmacológicos combinados obliga a una revisión de las posibles interacciones descritas entre los fármacos utilizados y entre dichos fármacos y las sustancias de abuso consumidas.
Inestabilidad emocional
La inestabilidad emocional es un síntoma que puede aparecer en cualquier trastorno de personalidad y, además, lo ssíntomas depresivos son muy frecuentes en pacientes con TUS, en particular en las etapas iniciales de la abstinencia. Los fármacos antidepresivos se han ensayado para el tratamiento de pacientes con trastorno de la personalidad con o sin trastorno por uso de sustancias comórbido. Los ISRS son eficaces para el tratamiento de los síntomas afectivos característicos de diversos trastornos de la personalidad, en particular el trastorno límite de la personalidad. Asimismo, se ha sugerido su utilidad para el tratamiento de la sintomatología ansiosa (trastornos del grupo C). En general, el uso de ISRS es preferible al de otros antidepresivos, ya que presentan un mejor perfil de tolerancia (efectos secundarios) y son de fácil administración. La eficacia de los antidepresivos tricíclicos en  este tipo de pacientes es más bien escasa. No obstante, existen datos de que la imipramina y la clorimipramina son superiores al placebo (mejor respuesta con clorimipramina) en el tratamiento de la labilidad emocional en pacientes con trastorno límite de la personalidad. En todo caso, y dada la posibilidad de aparición, en estos pacientes de efectos paradójicos tras la administración de determinados antidepresivos tricíclicos (p. ej., imipramina y amitriptilina), se recomienda la utilización de antidepresivos tricíclicos con menor posibilidad de inducir hipomanía o excitación. Los inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO) no constituyen un tratamiento de elección para el abordaje de pacientes con trastorno por uso de sustancias comórbido. Respecto a otros antidepresivos, actualmente no existen estudios controlados que hayan evaluado la eficacia de los antidepresivos de nueva generación (venlafaxina, mirtazapina o reboxetina) para el tratamiento de estos pacientes. Entre los fármacos eutimizantes se han ensayado la carbamacepina, el valproato sódico y ellitio con resultados dispares.
Desorganización cognitiva
Diversos estudios han sugerido la utilidad de dosis bajas de fármacos antipsicóticos para el tratamiento de los episodios psicóticos y de la desorganización cognitiva de estos pacientes. Existen evidencias de que al menos los síntomas transitorios breves de tipo psicótico mejoran tras la administración de antipsicóticos convencionales como el haloperidol, y empeoran con la administración de psicoestimulantes como la cocaína o las anfetaminas. El uso de antipsicóticos atípicos, aunque prometedor en la práctica clínica, se encuentra escasamente avalado por la literatura científica.
Impulsividad y agresividad
Los fármacos antidepresivos se han ensayado en el tratamiento de pacientes con trastorno de la personalidad con o sin trastorno por uso de sustancias comórbido, dada la participación de determinados neurotransmisores, como la serotonina o la noradrenalina, en la impulsividad y la agresividad. Existen estudios que sugieren que los fármacos que aumentan la actividad serotoninérgica pueden revertir las conductas agresivas e inhiben la agresividad espontánea y inducida. Asimismo, se ha observado una disminución de la actividad serotoninérgica central en pacientes con autoagresividad o heteroagresividad de tipo impulsivo. Datos procedentes de estudios abiertos, y posteriormente confirmados con estudios controlados y doble ciego, avalan la utilidad de los ISRS en la disminución mantenida de la irritabilidad y de las conductas agresivas, así como su eficacia en la prevención de las conductas suicidas recurrentes.
Estudios preclínicos han demostrado que incrementos de la actividad noradrenérgica se asocian con aumentos de la irritabilidad y de la agresividad, y con mayor reactividad a los estímulos ambientales. La acción potenciadora del sistema noradrenérgico por parte de los antidepresivos tricíclicos podría explicar su escasa eficacia en el tratamiento de los trastornos de personalidad y los efectos paradójicos (aumento de episodios de furia y de las
conductas agresivas e impulsivas) descritos en algunos pacientes tras el uso de estos fármacos.
Con los lMAO también se ha descrito un efecto paradójico sobre la agresividad, y como ya se ha mencionado, no constituyen el tratamiento de elección para el abordaje de pacientes con trastornos de la personalidad y por uso de sustancias comórbidos.
En la actualidad no existen datos suficientemente contrastados que evidencien la utilidad de los fármacos eutimizantes en el tratamiento de pacientes con trastornos de la personalidad y por uso de sustancias comórbidos aunque pueden ser de cierta utilidad para el tratamiento del trastorno de la personalidad aislado.
Datos procedentes de la práctica clínica y de algunos estudios controlados con placebo sugieren la utilidad de dosis bajas de antipsicóticos convencionales y de segunda generación en la reducción de las conductas suicidas, en particular, y de las alteraciones de la impulsividad, en general.

Diagnóstico del Trastorno Límite de la Personalidad (TLP)


Diagnóstico del Trastorno Límite de la Personalidad (TLP), por Dolores Mosquera
La evaluación y diagnóstico de los trastornos de personalidad es una tarea muy compleja que requiere considerar múltiples aspectos de la vida del individuo y no simplemente las quejas o problemas que presenta la persona.
Sin duda la entrevista clínica constituye el mejor medio para valorar la presencia de un Trastorno de Personalidad. Los profesionales que realizamos la entrevista debemos conocer en profundidad no sólo los diversos criterios diagnósticos de los manuales, sino además cómo hay que abordarlos, qué tipo de preguntas se debe realizar para valorar su presencia e importancia y disponer de los recursos y habilidades necesarias como profesional para abordar diversos aspectos (teniendo en cuenta que el paciente no siempre es consciente de sus problemas y/o no suele estar demasiado predispuesto a hablar de ello con detalle).
En este sentido, señalar que los instrumentos estandarizados de evaluación (tests) y/ o entrevistas estructuradas o semi-estructuradas pueden servir de ayuda para explorar algunos aspectos que en el transcurso de la entrevista diagnóstica no se abordan de un modo explícito (por tiempo basicamente) y para aportar información adicional a mayores pero en ningún caso pueden ser utilizados como el único o principal recurso de evaluación.
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Además, hay que tener en cuenta que muchos de los instrumentos estandarizados dan lugar a falsos diagnósticos (tanto positivos como negativos).
Falsos diagnósticos (positivos): es posible diagnosticar como existente un trastorno que no es tal. Esto se debe a que muchos de los elementos contenidos en los criterios diagnósticos (DSM IV y/o CIE-10) apelan a rasgos de personalidad que, en niveles de intensidad baja, se hallan presentes en muchas personas sin problemas aparentes.
Falsos diagnósticos (negativos): es posible porque es muy frecuente la ausencia de conciencia de enfermedad de las personas con TP, lo que les induce a responder negativamente a indicadores de patología en los que no se sienten reflejados o con los que no se identifican (consciente o inconscientemente).
A continuación aparecen los criterios para el diagnóstico del Trastorno Límite de Personalidad (TLP) según el DSM IV (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales). La presencia de 5 o más puede indicar la existencia de este trastorno:
  • Esfuerzos frenéticos para evitar un abandono real o imaginario
  • Patrón de relaciones interpersonales inestables e intensas caracterizado por la alternancia entre los extremos de idealización y devaluación
  • Alteración de la identidad: auto-imagen o sentido de sí mismo acusada y persistentemente inestable
  • Impulsividad en al menos dos áreas que son potencialmente dañinas para sí mimo (Ej..: gastos, sexo, abuso de sustancias, conducción temeraria, atracones de comida..)
  • Comportamientos intensos o amenazas suicidas recurrentes, o comportamiento de automutilación
  • Inestabilidad afectiva debida a una notable reactividad del estado de ánimo (por ej.: episodios de intensa disforia, irritabilidad o ansiedad, que suelen durar unas horas y raras veces unos días)
  • Sentimientos crónicos de vacío
  • Ira inapropiada e intensa o dificultades para controlar la ira (por ej.: muestras frecuentes de mal genio, enfado constante, peleas físicas recurrentes)
  • Ideación paranoide transitoria relacionada con el estrés o síntomas disociativos graves
Hay que tener en cuenta que hasta cierto punto, todos tenemos estas características, especialmente los adolescentes. Estas características deben de ser de larga duración (años), persistentes e intensas para que se pueda diagnosticar este trastorno.
Es importante recordar que hay que tener cuidado a la hora de hacer diagnósticos propios o a otras personas. Un diagnóstico no debe de estar basado en los contenidos de un folleto informativo, una página web ni de un libro. Si cree que usted o alguien que conoce puede tener este trastorno lo mejor es hablar con un terapeuta cualificado.
Muchas personas con este trastorno pueden tener problemas o preocupaciones adicionales como depresión, trastornos de la alimentación, abuso de sustancias, etc y puede resultar difícil aislar lo que es el Trastorno Límite de la Personalidad de otros trastornos.